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GRITAR

Por Francisco A. Avila

Si tan sólo dejaran de gritar. Si esta almohada tuviera la capacidad de aislar las voces. Pero es imposible. Si ni las paredes contienen la trayectoria de sus palabras ¿de qué me sirve una almohada?


La casa está llena de un humo gris, gris azul, gris negro, gris rojo: siempre gris que me asfixia, que se nos enreda por el cuerpo y lo llevamos a todos lados.


No importa que él se haya ido, los gritos siguen porque ella está rota: como yo: como ellos, deseando que la cara se fusione con la almohada, que éstas gotas saladas…

pero, mejor lo dejo, no puedo escapar, de nada sirve llorar…

me aferro a pensar que yo en esa historia no tengo nada que ver…

pero sigo roto.


Todos nos partimos y lo que hay aquí de nosotros son sólo piezas, mijagas de un todo que quiere cobrar vida propia, muñones irreconocibles…

ni siquiera nos conocíamos.


Las tripas exigen trabajar, hace ciento ochenta y siete días que él no grita, hace siete días la luz no encendió, hace tres días ella se autoapagó…

y ahora ya nadie grita…

sólo me muevo despacio, dejo que me lleven también, junto a mi humo gris multicolor y la almohada que guarda el dolor.


Todo ocurre en un instante, yo sigo ausente…

dicen que él, con otra ella y otros yo, disfrutan en el parque…

mientras, ella me esperará, en algún lugar donde nadie vuelva a gritar.

CONACULTA: Los cultos incultos

René Avilés Fabila
Sergio Vela, como antes Sari Bermúdez (pésima conductora televisiva, ignorante, de gestión vergonzosa), saltó al cargo más alto dentro de la burocracia cultural prácticamente de la nada, por razones de simple amistad con el presidente de la república. Si bien dice que es pianista y director de orquesta, hasta hoy nadie le ha escuchado una sonata de Beethoven o visto dirigir Mahler. Al respecto mantiene silencio. El licenciado Vela es un diletante incapaz de acreditar trayectoria musical alguna, un aficionado cuya “información” está sustentada en las contraportadas de los discos. Ésta es su realidad: un hombre cercano al poder y lejos de instrumentar una política cultural comprometida con los valores nacionales que supere nuestro deprimido ambiente cultural.
Desde que Calderón comenzó su ascenso en la carrera presidencial, el rumor de que CONACULTA quedaría bajo la responsabilidad de Sergio Vela, fue insistente. La comunidad cultural no hizo mayores comentarios. Tampoco la vieja burocracia creada al amparo del PRI y cuya lealtad a su causa se esfumó en 2000. Después de Sari cualquier cosa sería mejor. Es verdad, Vela había hecho trabajo de difusión cultural, sobre todo en materia musical. Pero desde sus inicios, en el Cervantino, tuvo por finalidad traer a sus amigos y su permanencia en la UNAM estuvo plagada de invitados personales, muchos de dudosa calidad, favorecidos con un presupuesto excesivo. Sus mayores méritos residían en la relación amistosa con Calderón: estudiaron juntos en la Libre de Derecho.
Nadie puede ignorar que el PAN ha estado distanciado de la cultura. Los intelectuales se hallaban bien con el PRI y todavía mejor con la oposición, desde la época en que las figuras mayores eran militantes comunistas. El habilidoso Carlos Salinas atendió demandas culturales y fue creado CONACULTA que empequeñeció al INBA. Habrá que aceptar que fue el PRI el que produjo una enorme infraestructura cultural que jamás dejó de crecer y de caracterizarse porque grandes artistas e intelectuales estuvieron al frente.
Sergio Vela nada ha creado y mucho ha destruido. Su nombre suele aparecer más en las notas políticas que en las culturales. La semana pasada un diario señalaba que había desechado los automóviles que utilizaban Sari y su séquito, para adquirir unos más lujosos. La lista de dispendios es brutal en un país que supone seguir un presupuesto austero. Por último, se han acentuado, a un año de su nombramiento, las renuncias importantes y las críticas a su tarea. Sigo información de Virginia Bautista de Excélsior. Vicente Herrasti, director de Publicaciones del CONACULTA se fue dejando un duro señalamiento: Vela no tiene proyecto de trabajo ni urgencia para delinear uno. Dicho en otros términos: carece de política cultural y no le preocupa cumplir con esa antigua exigencia de intelectuales, creadores y periodistas. Ya antes Ignacio Padilla había dejado el cargo de director de la Biblioteca José Vasconcelos. Falta señalar que también el poeta Saúl Juárez, quien fuera titular del INBA renunció a Bibliotecas, Raúl Zorrilla se fue de la Secretaría Ejecutiva del FONCA y Carla Rochín de la Dirección General de Culturas Populares; Griselda Galicia fue despedida del Museo de las Culturas Populares. La más reciente dimisión es de Carmen Quintanilla, “secretaria técnica A”. Movimientos que indican inestabilidad dentro de una burocracia excesiva, donde los secretarios técnicos de la A a la Z, gobiernan en ausencia de Sergio Vela. Su llegada, pues, ha sido una desgracia, un desatino.
Parecería que a Calderón, como antes a Fox, nunca le ha preocupado la cultura. Lo que fuera un orgullo del sistema, ahora se derrumba ante la indiferencia de sus propios titulares. Pero el pasado inmediato no es tan grave como el futuro. El país tiene un aceptable presupuesto para cultura y una espléndida infraestructura, sólo que ésta es un elefante blanco y el dinero en tales condiciones no tiene mayor utilidad. Cada año, por ejemplo, hay concursos que son declarados desiertos y becas del FONCA que paran inalterablemente en manos de los amigos de los jurados. Esto se debe a fallas humanas y a la falta de procesos transparentes que nos permitan saber para qué son las becas y cuáles los criterios para otorgarlas. Hay reglas, pero son tan vagas y frágiles que pocos quedan satisfechos, salvo quienes las obtuvieron.
Sergio Vela no hará ningún trabajo serio, se limita a ejercer como si fuera rey de la cultura y a disfrutar del cargo, mientras los secretarios técnicos hacen y deshacen. Muchos responsabilizaron del caos y la prepotencia a Javier González Rubio, “secretario técnico B” (que también se fue), pero en realidad la culpa proviene del propio Felipe Calderón quien con ligereza nombró a Sergio Vela. El CONACULTA requiere cirugía mayor y la participación de todos los involucrados. Calderón dijo que al año sometería a revisión los resultados en cada caso. ¿Lo hará en cultura? Francamente, lo dudo.

Artículo tomado del blog de René Aviles: www.recordanzas.blogspot.com

Entrevista con Fernando Vallejo

Sobre su más reciente libro: “La Puta de Babilonia”

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS – FERNANDO VALLEJO

FRAGMENTO

A mi regreso a Colombia volví a Sabaneta con Alexis, acompañándolo, en peregrinación. Alexis, aja, así se llama. El nombre es bonito pero no se lo puse yo, se lo puso su mamá. Con eso de que les dio a los pobres por ponerles a los hijos nombres de ricos, extravagantes, extranjeros: Tayson Alexander, por ejemplo, o Fáber o Eder o Wílfer o Rommel o Yeison o qué sé yo. No sé de dónde los sacan o cómo los inventan.
Es lo único que les pueden
dar para arrancar en esta mísera vida a sus niños, un vano, necio nombre extranjero o inventado, ridículo, de relumbrón. Bueno, ridículos pensaba yo cuando los oí en un comienzo, ya no lo pienso así. Son los nombres de los sicarios manchados de sangre. Más rotundos que un tiro con su carga de odio.

Ustedes no necesitan, por supuesto, que les explique qué es un sicario. Mi abuelo sí, necesitaría, pero mi abuelo murió hace años y años. Se murió mi pobre abuelo sin conocer el tren elevado ni los sicarios, fumando cigarrillos Victoria que usted, apuesto, no ha oído siquiera mencionar. Los Victoria eran el basuco de los viejos, y el basuco es cocaína impura fumada, que hoy fuman los jóvenes para ver más torcida la torcida realidad, ¿o no? Corríjame si yerro. Abuelo, por si acaso me puedes oír del otro lado de la eternidad, te voy a decir qué es un sicario: un muchachito, a veces un niño, que mata por encargo. ¿Y los hombres?
Los hombres por lo general no, aquí los sicarios son niños o muchachitos,
de doce, quince, diecisiete años, como Alexis, mi amor: tenía los ojos verdes, hondos, puros, de un verde que valía por todos los de la sabana. Pero si Alexis tenía la pureza en los ojos tenía dañado el corazón. Y un
día, cuando más lo quería, cuando menos lo esperaba, lo mataron, como a todos nos van a matar. Vamos para el mismo hueco de cenizas, en los mismos Campos de Paz.
LA VIRGEN DE LOS SICARIOS
FERNANDO VALLEJO

ALFAGUARA, S.A., 2002